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Es
madrugada, no cojo el sueño.
Intento leer, no entiendo las palabras...
Pongo un CD, nada puedo oír...
Conecto el ordenador, busco imágenes, sites
interesantes, nada me apetece...
Me duele el estómago...
¡YA! Tengo hambre!
Corro para la nevera,
compañera de las noches insomnes...
Pizza, flan,
mousse de chocolate...
¡Vaya!
Pizza al horno,
adelanto el postre y me ensucio de chocolate...
¡Ah, era lo que necesitaba!
Para distraerme, canturreo mientras e,
spero la señal del horno...
Canciones de cuna, canciones románticas
surgen a borbotones.
Bip...Bip... Bip... ! Lista la pizza!
Cambio el canto por mordiscos
voraces.
Aplacada mi hambre, intento nuevamente dormir... De nuevo el dolor en el
estómago...
¡Hambre! ¡Dios mío, voy a engordar mil quilos!
¡Empanadillas y tarta con mucho merengue
es el remedio!
Caliento las empanadillas
cantando canciones de cuna y de amor...
¡Qué tonta soy!
El hambre que tengo es de besos,
abrazos, caricias.
Lo que
quiero es el sonido de una dulce voz,
la música de la risa de mis hijos.
¿El estómago es la alarma del corazón?
Lo que quiero es ser alimentada
por las caricias de mi guapo.
Oír de su
boca mi nombre, cantar mi pasión.
Ahora lo sé:
hambrientos están mi cuerpo y mi corazón.
¡Esta hambre tiene otros nombres:
nostalgia, añoranza, soledad!
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